6 paraísos en la Península para un viaje de Semana Santa

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Seas de donde seas, tienes un paraíso a la vuelta de la esquina y viajar por carretera tiene sus ventajas

Ya pasó la peor época del año: esos primeros meses sin apenas festivos que te dejan ahogado sufriendo cada vez que suena el despertador del lunes, implorando a Dios que te deje dormir diez minutos más. Pero al final, los casi cuatro meses que han pasado desde Navidad, han volado y la Semana Santa ya está aquí. Si las vacaciones te pillan a contrapié y ya no estás a tiempo de comprarte un billete a un precio decente porque pasas de hipotecar tu casa por irte una semanita al Caribe, no lo tienes todo perdido.

Que la última hora no te eche para atrás. Hay paraísos a pocas horas de tu casa (sí, en coche) que nada tienen que envidiar a las fotos que subirán tus amigos en las playas de Cancún, las selvas de Tailandia o los prados de la Toscana. Estos son siete de los puntos más interesantes que nos ofrece la península y todos están muy cerca de alguna capital.

Playa de las Catedrales (Lugo)

La playa de Aguas Santas, conocida más popularmente como playa de las catedrales, recibe este sobrenombre por los arcos y cuevas de piedra que se dibujan en su costa. Situada en Ribadeo (Lugo, Galicia), las cavidades monumentales solo son apreciables durante la bajamar, cuando la marea está alta se puede bañar en el pequeño trozo de arena que queda seca, pero no se puede apreciar en su plenitud la belleza rocosa. Éstá muy cerca de cualquier ciudad del norte de España.

Algarve (Portugal)

Algarve es la región más al sur de Portugal. Es mundialmente famosa por sus playas, ideales para hacer surf. Esta región costera esconde muchas joyas que se adaptan a todo tipo de exigencias turísticas: desde el encanto de ciudad costera de Faro, la capital, pasando por la interesante cocina de la región, que utiliza ingredientes del mar y mezcla influencias árabes y romanas, hasta las imprescindibles calas secretas, pequeñas playas que se forman dentro de rocas o entre precipicios y que ofrecen vistas espectaculares del litoral, siendo la más popular la Cueva de Benagil. Puedes ir desde Extremadura o Andalucía.

Albarracín (Teruel)

Uno de esos pueblos que en las oficinas turísticas te dicen que es el más bonito de España. Con una arquitectura mestizada entre los estilos arábigos, judíos y cristianos tan propios de la Edad Media española, este pueblo de casitas rojas encalado en unas peñas a más de mil metros de altitud es un must see. Su principal encanto, además de la arquitectura y de la naturaleza que lo rodea, es que es un punto ideal para dormir fresquito ahora que los días serán más cálidos y donde podrás apagar los datos y desconectar de toda la mierda acumulada después de cuatro meses trabajando sin apenas vacaciones. Ideal para viajar desde Cataluña, Aragón y algunas zonas de Castilla.

Tarifa (Cádiz)

Este pequeño paraíso gaditano es conocido principalmente por sus playas. Como suele pasar, las más populares están masificadas, pero todavía existen algunas pequeñas calas y playitas que se resisten a la gentrificación y en las que se puede vivir la experiencia tarifeña sin tenerte que pelear por el hueco libre de la playa como si fuera el Trono de Hierro. Apunta estos nombres: de los Alemanes, del Cañuelo, de El Mirlo y de El Ombligo. Llegas fácilmente a Cádiz desde toda Andalucía.

Vall d’Aran o Vall de Boí (Lleida)

El norte de Cataluña está delimitado por los Pirineos, esa increíble cadena montañosa ideal para los amantes de la escalada. Si te gusta caminar pero estás más desentrenado que el típico que se apunta al gimnasio el 1 de enero porque “este año sí”, la Vall d’Aran o la Vall de Boí son los lugares ideales para ti. Mezclan cultura medieval (por ejemplo, la Vall de Boí tiene un románico autóctono que solo se encuentra en la región) y la viva naturaleza que podrías imaginarte de una región a los pies de las montañas pirenaicas. Además, es el mejor sitio donde probar la comida catalana de alta montaña. A pocas horas de cualquier punto de Aragón o Cataluña.

La Selva de Irati (Navarra y Francia)

Este bosque de hayas y abetos el segundo mayor de Europa por detrás de la Selva Negra de Alemania. Es un pulmón verde de la Península y allí es imposible no conectar con la naturaleza. Vayas en la época del año que vayas ofrece una belleza paisajística insólita en el resto del país. Entre ríos, lagos y grandes árboles se esconden algunas rutas de senderismo que te permitirán respirar aire puro que limpiará tus pulmones. Aléjate de las típicas vacaciones de visitar capitales europeas y dedícale unos días a buscar los miradores, reseguir sus rutas y alojarte en hoteles y albergues dentro del bosque. Es una de las regiones arboríferas más vírgenes de Europa y se nota. Puedes ir desde el País Vasco o Navarra, aunque merece la pena conducir un poco más para llegar hasta allí.

Fuente: Código Nuevo

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