Miami se pone en forma

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Miami se pone en forma

Miami, la ciudad de los excesos, acoge la vida saludable también con pasión. La oferta que despega es la de hoteles clínica, deportes omnipresentes, spas con todas las terapias del mundo y hasta paseos urbanos donde antes había trenes para no pasear.

 

La tendencia hotelera que se extiende ahora por el mundo como una mancha de aceite (de soja) es la de ofrecer estancias saludables: deporte, alimentos biológicos y entrenadores personales. Miami, la ciudad de los excesos, se apunta a esto a la manera en que se hacen las cosas aquí: yendo mucho más allá. Hoteles clínica en los que se proscriben el azúcar, la sal y cualquier animal que no sea huésped; hoteles de playa que ofertan sesiones de zumba frente al mar y elaboran su propio refresco de cola por si acaso; y una amplia oferta de deportes en South Beach, como el ciclismo turístico entre los edificios art decó de Ocean Drive.

Miami bien podría estar convirtiéndose en el destino turístico más versátil del mundo. Un destino de playa y marcha tan estadounidense como latino (con Ocean Drive a la cabeza) con su propio estilo arquitectónico: la versión del art decó de Florida, aunque los pastiches arquitectónicos neocañís de Coral Gable dan para un capítulo completo. Una ciudad que lleva un par de décadas tocando todos los palos culturales (y, por tanto, turísticos, o viceversa) y ha erigido academias de música en edificios de Frank Gehry (el New World Symphony), auditorios de programación mestiza y acústica perfecta (el Adrienne Arsht Center), macro museos de Ciencias (El Frost, inaugurado en la primavera de 2017) y barrios completos de tiendas, restaurantes y galerías con vocación pija y diseño impoluto (el Design District). Es la ciudad en la que vale cualquier cosa que funcione, incluso reformatear sus áreas degradadas como receptáculos industriales para el arte callejero y las compras hípster, lo que han hecho en Wynwood y Faena.

Entre todo este armaggedon de oferta creciente y mutante, nadie diría que algo tan modesto como una pera o unas sentadillas tuvieran ninguna posibilidad de triunfar. Pero esto es Miami y aquí los cuerpos importan. Los responsables turísticos creen que la tendencia a cuidarse permanecerá, y la Oficina de Convenciones y Visitantes de Greater Miami (http://espanol.miamiandbeaches.com/) declara el mes de abril Sports & Wellness Month y lo llena de actividades y ofertas, mientras que entre julio y agosto se convoca el Miami Spa Month, en el que todos los tratamientos tienen precios fijos que rondan los 100 euros.

Uno de los signos más claros de este viraje hacia lo sano es la apuesta del clásico hotel Carillon por una multitud de ofertas de salud y belleza que incluyen entrenadores personales, clases deportivas que invaden los espacios comunes del hotel -con recintos junto a la playa donde practicar zumba o yoga- y unos restaurantes en los que las calorías no sólo se miden: se persiguen. En el Carillon no dejan nada al azar e incluso elaboran sus propios refrescos de cola y su propia cerveza de ingredientes saludables y controlados.

En Miami también está la sede del Centro de Longevidad Pritikin, una clínica muy particular que ya lleva enseñando la vida sana desde cero a, al menos, dos generaciones de estadounidenses. En estancias contratadas por semanas, el huésped emula los tratamientos de desintoxicación y se compromete a no tocar la sal ni el azúcar ni nada que tenga origen animal. Por un precio nada módico uno se sumerge en un mundo de charlas sobre nutrición, escáneres corporales, ejercicios adaptados a los que no hacen ejercicio, clases de cocina, clases de cómo pedir comida sana en el restaurante o clases de cómo pedir a tu cocinero que te prepare comida sana. Los buffets son aquí demostraciones prácticas y la experiencia cien por cien americana se remata con las instalaciones donde se duerme: el Trump National Doral Resort, uno de los hoteles del presidente. A un español que solo conozca al empresario como presidente, las amenities -con un gran TRUMP estampado en dorado-, los baños de mármol, los cortinones y las moquetas rojas le dan la sensación de estar pasando cada noche una noche electoral.

Otra señal de la apuesta por cuidarse es la creciente nómina de spas. El que está más de moda es ESPA, en el resort Aqualina de la exclusiva Sunny Isles Beach. No para de recibir premios y no le falta un detalle alternativo: ambientación zen, tratamientos ayurvédicos, adelgazantes o antiestress y el lujo de una terraza al aire libre con piscina climatizada y cascada romana. También se habla mucho de The Lapis(https://spanish.fontainebleau.com/spa) en el hotel Fontainebleau. Tiene más de 3.700 metros cuadrados de instalaciones, lo que le permite disponer de una piscina de 23 metros y de un túnel de lluvia. El spa más peculiar es el de The Standard, que es el que eligen los nativos. Primero, porque está muy a mano (entre el centro y Miami Beach) y luego porque parece la sede de toda extravagancia hedonista: acupuntura, baños de barro, buenas vistas a la bahía e incluso coaching e interpretación de los sueños.

En cuanto al deporte, en Miami es una religión. Los 25 grados de temperatura media y las posibilidades naturales lo favorecen desde siempre. En la ciudad se pueden realizar rutas urbanas con las miles de bicis del servicio municipal Citi Bike Miami, disponibles en cientos de puntos de recogida que funcionan con energía solar. O unirte a uno de los tours guiados de Bike and roll, que recorren la Pequeña Habana o pasean entre los palacios españoles recreados por George Merrick. Y, por supuesto, está la inmensa variedad de deportes acuáticos, del kayak al esnorquel. El rey de las últimas temporadas es el wakeboarding. Se trata de una variedad del esquí acuático que se practica atado a un cable y es particularmente popular en el nuevo Complejo para Deportes Acuáticos de Miami,situado en un hermoso lago natural del Amelia Earhart Park.

Entre todo este armaggedon de oferta creciente y mutante, nadie diría que algo tan modesto como una pera o unas sentadillas tuvieran ninguna posibilidad de triunfar. Pero esto es Miami y aquí los cuerpos importan. Los responsables turísticos creen que la tendencia a cuidarse permanecerá, y la Oficina de Convenciones y Visitantes de Greater Miami (http://espanol.miamiandbeaches.com/) declara el mes de abril Sports & Wellness Month y lo llena de actividades y ofertas, mientras que entre julio y agosto se convoca el Miami Spa Month, en el que todos los tratamientos tienen precios fijos que rondan los 100 euros.

Uno de los signos más claros de este viraje hacia lo sano es la apuesta del clásico hotel Carillon por una multitud de ofertas de salud y belleza que incluyen entrenadores personales, clases deportivas que invaden los espacios comunes del hotel -con recintos junto a la playa donde practicar zumba o yoga- y unos restaurantes en los que las calorías no sólo se miden: se persiguen. En el Carillon no dejan nada al azar e incluso elaboran sus propios refrescos de cola y su propia cerveza de ingredientes saludables y controlados.

En Miami también está la sede del Centro de Longevidad Pritikin, una clínica muy particular que ya lleva enseñando la vida sana desde cero a, al menos, dos generaciones de estadounidenses. En estancias contratadas por semanas, el huésped emula los tratamientos de desintoxicación y se compromete a no tocar la sal ni el azúcar ni nada que tenga origen animal. Por un precio nada módico uno se sumerge en un mundo de charlas sobre nutrición, escáneres corporales, ejercicios adaptados a los que no hacen ejercicio, clases de cocina, clases de cómo pedir comida sana en el restaurante o clases de cómo pedir a tu cocinero que te prepare comida sana. Los buffets son aquí demostraciones prácticas y la experiencia cien por cien americana se remata con las instalaciones donde se duerme: el Trump National Doral Resort, uno de los hoteles del presidente. A un español que solo conozca al empresario como presidente, las amenities -con un gran TRUMP estampado en dorado-, los baños de mármol, los cortinones y las moquetas rojas le dan la sensación de estar pasando cada noche una noche electoral.

¿Y el futuro de la vida sana en Miami? En una ciudad en la que coger el coche para ir a comprar el pan no es el colmo de la pereza sino lo normal, la revolución saludable pasa por aprender a caminar. El proyecto se llama The Underline y va a crear un sendero urbano de 16 kilómetros bajo el tren elevado de Miami, el Metrorraíl (creado paradójicamente para evitar caminatas). Se parece un poco a lo que se hizo en el Meatpacking District de Nueva York, pero a Miami nunca le ha hecho falta inventar de cero, sólo hacerlo todo más grande, más llamativo, más informal y más soleado. Lo que sea que funcione.

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