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Los 20 rincones más bonitos de Cataluña

Descubre 20 de los lugares más increíbles de Cataluña, desde sus playas hasta el Pirineo.

Como todas las comunidades de España, Cataluña esconde en su interior muchísimos rincones de singular belleza y encanto incomparable. Desde la esencia mediterránea de sus pueblos de pescadores y sus playas hasta los picos escarpados del Pirineo. Desde los aires cosmopolitas de Barcelona hasta la tradición y la magia de ciudades como Girona o la muy romana Tarragona. ¿Estás planeando una escapada a Cataluña y no sabes por dónde empezar? En Skyscanner te vamos a dar unas cuantas ideas.


Sitges, Barcelona

Muy conocida entre el colectivo LGTB y adorada por los barceloneses, la villa marinera de Sitges vive de cara al mar y ha sabido condensar en un solo municipio modernidad y tradición. Sí, la estampa de la iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla frente al mar es seductora. Pero también lo es el rico patrimonio modernista que le legaron intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX como el Museu Cau Ferrat o el Palau de Maricel. Y ya que estamos, no vamos a negar que la playa de Sant Sebastià fue proclamada como lamejor playa urbana de Europa según el New York Times en 2013. Siéntate en una terracita y disfruta del buen tiempo. No querrás volver a casa, y menos si visitas Sitges durante la celebración del festival de cine fantástico o te enamoras de las alfombras de flores que la llenan de color durante el Corpus.

Aigüestortes y Sant Maurici, Lleida

El único parque nacional situado en Cataluña, el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es un rincón sencillamente maravilloso. Ubicado en la parte central de los Pirineos, el paisaje es de alta montaña ya que gran parte del territorio de casi 41 hectáreas está a más de mil metros de altura, con picos que superan los 3.000 metros. Espérate valles con prados verdísimos, lagos de origen glaciar como el que le da nombre, macizos de roca con tanta magia como Els Encantats y bosques protegido en los que la flora y la fauna viven en un estado bastante salvaje. ¡Cálzate las botas y explóralo!

 

Besalú, Girona

El idílico conjunto medieval de Besalú es Conjunto Histórico-Artístico Nacional desde 1966 por motivos más que evidentes. Tan sólo tienes que cruzar el monumental puente de piedra que conduce hasta el casco histórico para viajar en el tiempo hasta la Edad Media. Pasear por las calles de piedra de Besalú es vivir la historia local. Déjate llevar por su entramado medieval hasta los baños judíos, la iglesia del monasterio de Sant Pere y Sant Julià, la románica casa Cornellà o la sala gótica del Palacio dela Curia Real. Y, de vuelta… maravíllate con el reflejo de los arcos del puente viejo sobre las aguas del río. Te parecerá que estás muy muy lejos.

Delta de l’Ebre

La mayor zona húmeda de Cataluña, el asombroso Delta del Ebro tiene una superficie de 320 kilómetros cuadrados y destaca por una riqueza natural fabulosa, además de por unos paisajes de postal y unas playas dignas de cualquier catálogo. Pasea entre los arrozales al caer la tarde, explora la Isla de Buda en bicicleta o incluso da un paseo en barca para admirar los muchos encantos de un lugar hermoso e increíblemente especial.

 

Cadaqués, Girona

Si genios como Marcel Duchamp, Picasso, Miró o el genial y muy surrealista Dalí pasaron largas temporadas en este pueblo de pescadores en el confín más oriental de España, es por algo. Quizás sea lo recóndito de un lugar que estuvo prácticamente aislado hasta el siglo XIX, lo pintoresco de sus calles y sus casas encaladas, el orgullo con el que viven frente al mar, las barquitas en la playa o un clima tocado por la feroz Tramuntana. Sea lo que sea, vale la pena dejarse llevar por su entramado laberíntico que siempre desemboca en el mar, visitar la Casa Museo Salvador Dalí en la bahía de Portlligat o hacer senderismo en el Parque Natural del Cap de Creus. Y, por supuesto, no te vayas sin catar la gastronomía local.

 

Fageda d’en Jordà

Este hayedo de aspecto mágico es uno de los rincones con más encanto de Cataluña sin lugar a dudas. Situado en la comarca de la Garrotxa sobre una colada de lava procedente del cercano volcán del Croscat, el terreno ondula y serpentea como si de un cuento de hadas se tratara. Casi te parecerá posible que las hadas vivan aquí… Hay varios senderos que recorren del hayedo de Jordán, con varios tipos de dificultad. Elijas el que elijas, acertarás. Y si quieres matar el gusanillo y llevarte algo rico a la boca pásate por lacooperativa La Fageda, una empresa sin ánimo de lucro que elabora unos yogures y helados para relamerse.

 

Castellfollit de la Roca, Girona

Una de las cosas que no te dejarán indiferente para nada es contemplar desde la distancia el risco basáltico de 50 metros de alto y casi 1 kilómetro de longitud sobre el que se asienta la pequeña población gerundense de Castellfollit de la Roca. Esta enorme pared es fruto de la erosión de los ríos Fluvià i Toronell sobre los restos de las corrientes de lava que hace miles de años hubo en la zona y que tanto ha marcado la historia local. El perfil de este municipio de aires medievales (que es uno de los más pequeños del país) es único y de una belleza casi sobrenatural. Al final de la colada basáltica está la iglesia de San Salvador. Sube hasta lo alto de la torre y alucina con las vistas. Si al acabar te da hambre, hazte con una (o varias) de las madalenas de Cal Tuset.

Montserrat

En el corazón de Cataluña, el perfil inconfundible de la montaña de Montserrat se ve a kilómetros de distancia. Los picos rocosos que le dan su aspecto de sierra (Montserrat significa literalmente “monte serrado” en catalán) son un foco de atracción permanente para senderistas y escaladores mientras que la abadía benedictina que acoge a la Moreneta lleva siglos siendo lugar de peregrinación. Atrévete a llegar usando el telecabina o el funicular y luego explorar sus senderos a tu aire mientras admiras el espectacular paisaje.

 

Tossa de Mar, Girona

Marc Chagall la bautizó como “Paraíso Azul” y por sus calles pasearon (y rodaron) dos mitos del cine como Ava Gardner y James Mason. Este pequeño pueblo de la Costa Brava con un castillo frente al mar es posiblemente uno de los más bonitos de Cataluña y de España. No hay nada como callejear por sus calles llenas de tiendecitas para luego subir hasta lo alto del recinto amurallado de la Vila Vella. Para, al final, darte un buen chapuzón en alguna de sus magníficas playas y calas de aguas turquesas. Precisamente el castillo, del siglo XIII, es el único ejemplo de población medieval fortificada en la costa catalana. La primera vez que la pises te robará el corazón.

 

Valle de Boí

El verdísimo Valle de Boí es uno de los rincones más encantadores de toda la península. A lo largo de valles y sierras pirenaicas se suceden pueblecitos de aires medievales que parecen congelados en el tiempo. Y si no, maravíllate con las fabulosas pinturas que decoran todas y cada una de las iglesias románicas del valle desde Sant Feliu de Barruera a Santa María o Sant Climent de Taüll. Todo el conjunto es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y una muestra excelente de cómo arte y naturaleza pueden convivir en completa harmonía.

Siurana

Coqueto y espectacular a partes iguales, el pueblo de Siurana es una verdadera preciosidad. Se asienta sobre un enorme peñón de roca caliza y disfruta de unas vistas panorámicas increíbles del valle del rio Siurana y de su embalse en la comarca del Priorat. Paraíso de escaladores y amantes del senderismo, este pequeño pueblecito cuenta con un pequeño conjunto monumental formado por la iglesia románica y restos del castillo árabe del que fue el último reino de taifas en ser reconquistado en Cataluña. Aquí hay un par de cosas que tienes que hacer: catar su aceite de oliva virgen con denominación de origen protegida y sus riquísimos vinos.

 

Lago de Banyoles

El lago de Bañolas es, además del lago más grande de Cataluña, el hogar de un ecosistema fascinante. De origen tectónico y cárstico, se formó hace 250.000 años y forma parte del imaginario colectivo catalán de muchas maneras. Disfruta de un paseo en barca, practica deportes como el kayak o intenta darle la vuelta mientras absorbes la belleza del entorno. Y, ya puestos, intenta ver si consigues ver al elusivo “monstruo” que, según cuenta la leyenda, vive en sus aguas.

Tarragona

Admirando las vistas desde el Balcón del Mediterráneo, con el anfiteatro a tu izquierda y el azul intenso del mar delante es fácil entender por qué los romanos se enamoraron de este lugar hace más de 2.000 años. Eternamente soleada y hermosa, Tarragona ha sabido hilvanar con maestría las ruinas romanas con la modernidad y un entramado medieval que culmina en el precioso claustro de su catedral. No te vayas sin haber pasado por el anfiteatro y el circo, sin haber pisado el foro imperial, sin haber palpado sus murallas… Y, por supuesto, sin vivir el Mediterráneo como nunca antes.

Valle de Núria

El recóndito Valle de Núria es uno de esos lugares que te roban el corazón en un suspiro. Accesible únicamente gracias a un ferrocarril de cremallera (o a pie), el lugar se hizo popular en la edad media gracias a la imagen de una Virgen románica y hoy es un destino ideal para los amantes de la naturaleza y los deportes de montaña. Acércate en cualquier época del año y disfruta de su lago, de sus picos, de sus pistas de esquí y de la gran cantidad de rutas senderistas por el Pirineo que parten o pasan por aquí.

Playa de Tamarit (Tarragona)

Quizás te suene porque el futbolista Iniesta se casó en el castillo que corona uno de sus extremos, pero la playa de Tamarit es mucho más que un arenal pegado a una fortaleza medieval. Este rincón de postal es ideal para darse un baño, para tostarse al sol, para disfrutar del _dolce far niente _y, por supuesto, para enamorarse de uno de los rincones con más encanto de la Costa Dorada. Si no nos crees sólo tienes que ir. A la vuelta, ya nos lo cuentas.

Castillo de Cardona

Hechizado por la leyenda del espíritu (o los espíritus) que habitan en la habitación 712, el Castillo de Cardona es la fortaleza medieval más importante de Cataluña y una mola imponente que lleva más de 12 siglos dominando la zona. Este espectacular castillo fue construido por Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós en catalán) y estuvo en posesión de los duques de Cardona, una de las familias más poderosas de la Corona de Aragón. En la actualidad es un Parador de Turismo así que además de disfrutar de sus torres, de la iglesia románica y de su claustro podrás dormir entre sus muros milenarios.

Girona

Coqueta como pocas, Girona es tan fascinante como las casas de colores que se reflejan en las aguas del río Onyar, que la cruza. Histórica y llena de detalles, pasear por las calles medievales de su judería es un verdadero placer. Como también lo es subir la gran escalinata que conduce hacia su catedral o disfrutar del silencio del claustro, deambular por las murallas, viajar el pasado en la preciosa iglesia de Sant Pere de Galligants o buscar tu reflejo en los baños árabes. Girona hay que vivirla con los 5 sentidos.

Empúries

Las cálidas aguas del mediterráneo acarician la costa de Empúries y han recogido a embarcaciones y civilizaciones durante siglos. Este pequeño puerto en la Costa Brava fue ocupado por una colonia griega en el año 575 aC y los restos de su paso por aquí todavía se doran al sol cada día. Al igual que lo hacen los restos de la ciudad que los romanos construyeron justo al lado y que también disfruta de unas vistas privilegiadas. Si la visitas, tómate tu tiempo y disfruta del aire relajado del lugar, explora cada rincón, come algo en la vecina Sant Martí d’Empúries i date un baño junto a un espigón en la playa que tiene más de 2.000 años. ¿Dónde podrías hacer algo igual?

 

Barcelona

La capital catalana, Barcelona, va de lo antiguo a las vanguardias en un abrir y cerrar de ojos. Por la mañana puedes sumergirte en la riquísima historia romana y medieval del Barrio Gótico, al mediodía comer algo en un edificio modernista y a atardecer disfrutar del arte más moderno en el Raval. Y esto sin tener en cuenta el increíble patrimonio arquitectónico y cultural que el genio de Gaudí les legó a los barceloneses. Desde la Sagrada Familia hasta el Palau Güell, desde las ruinas de Barcino hasta el Castillo de Montjuic o los búnkeres del Carmelo, Barcelona tiene tanto por ofrecer que no te la acabarás nunca. Déjate seducir por su encanto y tómatelo con calma.

Playa de Aiguablava (Begur)

Una de las playas más bonitas de toda Cataluña, la de Aiguablava en Begur es un verdadero paraíso. Pese a que en temporada alta se suele llenar hasta los topes (te recomendamos que llegues pronto por la mañana), la belleza de sus aguas cristalinas, un entorno natural 100% mediterráneo y unos buenos servicios la hacen el lugar ideal para catar la esencia de la Costa Brava. Con 75 metros de longitud y arena dorada fina, si necesitas más tranquilidad intenta encontrar un hueco en la playa Fonda o la playa de en Malaret.