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Consejos para ir de safari

Todo lo que debes saber para lograr la experiencia más intensa en el que es para muchos el ‘top’ de la aventura natural.

Captar las imágenes más bellas, experimentar las sensaciones más fuertes, no perder detalle del lado más salvaje de la vida. Pocas aventuras hay más emocionantes que las que proporciona un safari, esa evocadora palabra que nuestro idioma ha tomado del swahili y que, aunque no la única, sí es una de las razones más sólidas para visitar el continente africano.

Pero sucede que la fauna en su estado más puro no sabe de reglas ni de horarios, así que conviene tener en cuenta estos factores para que la experiencia resulte perfecta. Esto es lo que debe contemplarse tanto si se es principiante en la materia como si se trata de un safarista reincidente:

Elegir el tipo de safari y los parques que se quieren visitar

Una elección que no sólo contempla si se trata de una experiencia básica o a todo lujo, (es decir, en minibús, 4×4 o camión; de manera individual o con múltiples acompañantes; con alojamiento en tiendas de campaña o en lujosos lodges dentro del parque…) sino también si se pretende hacer por cuenta propia (con más libertad) o de manera organizada (con más seguridad por aquello de la orientación en la sabana y las averías o imprevistos). En cuanto a los parques naturales, hay quien prefiere los clásicos, más famosos y concurridos, y quien se decanta por los más solitarios, pero tal vez con menos animales. Lo suyo es ver las características de cada uno y las actividades que se sugieren (trekking, bicicleta, observación de aves…).

Coincidir con las olas migratorias y evitar las épocas de lluvia

Los desplazamientos anuales de herbívoros, seguidos por los grandes depredadoresgarantizan el avistaje de especies y las más hermosas escenas: hileras de cebras recortando el horizonte, manadas apelotonadas de ñus tratando de cruzar el río… La más famosa migración es la del Serengeti al Mara (de Tanzania a Kenia) entre los meses de julio a octubre. Hay periodos de lluvias cortas y periodos de lluvias largas que convierten los parques africanos en alfombras de vegetación. El panorama, tan verde, resulta mucho más atractivo, pero encierra dos grandes problemas: los animales se esconden mejor y las pistas están impracticables.

Guiarse por la naturaleza: aprovechar los momentos de afluencia y mantener el silencio

Porque la naturaleza no se puede programar, el azar juega un papel fundamental a la hora de ver, por ejemplo, a ese depredador esquivo o a esa otra exótica ave. Aún así conviene atender a algunas señales. Por ejemplo, los gritos de los monos y papiones indican que hay cerca un felino, la presencia de buitres en los árboles alerta de la presencia de un cadáver… También (aunque nada nos puede librar de estirar el cuello y aguzar todos los sentidos: mirar con atención delante, a los lados, por encima e incluso entre las ramas de los árboles…) hay que intentar ver la fauna cuando se muestra más activa. Esto es, entre las 6.30 y las 9.30 de la mañana; y desde las 15.30 hasta las 18.30de la tarde. Y por último, cuando se avista un grupo de animales a los que se quiere contemplar de cerca, hay que acercarse despacio, tratando de evitar el ruido y todo lo que pueda arrancarles de su estado natural y libre.

Llevar un kit de safari

Que incluye ropa y calzado cómodo (prendas claras de algodón) para días cálidos y noches frías, una gorra o sombrero, gafas de sol, linterna, prismáticos y -por si acaso- una navaja de bolsillo. También se recomienda agua, crema solar, repelente de insectos y la cámara bien cargada de batería y con muchas tarjetas de memoria.

No salir del vehículo

Puede parecer una obviedad, pero hay viajeros a los que la euforia les empaña el sentido común. Ni siquiera cuando no haya animales a la vista, pues ha de tenerse presente que no nos hallamos en un zoo. Ocurre que detrás de cualquier matorral podría esconderse una fiera. Y también que hay especies que, aunque puedan parecer inofensivas, resultan en realidad peligrosas si se sienten amenazadas. Sólo en poquísimas zonas –y siempre señalizadas- se permite salir a estirar las piernas.

Respetar y cuidar el entorno

Porque, desgraciadamente, la experiencia ha demostrado que no todos los depredadores caminan sobre cuatro patas. Conviene recordar que todos somos responsables de la conservación de estos parques que son la máxima expresión de la naturaleza salvaje, sin domesticar. Por eso se trata sólo de ser lo más respetuosos posibles con quienes verdaderamente están en su propio hábitat (nosotros somos los extraños). Simplemente, no tirar basura, no salirse de los caminos marcados, no alimentar a la fauna… Causar, en definitiva, el menos impacto posible.

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